Salamanca tiene un atractivo inigualable en lo que respecta a la escultura y arquitectura urbana religiosa. Y es que es una de las pocas ciudades españolas que tiene dos catedrales: una románica y otra gótica.
La primera fue levantada entre los siglos XII y XIII y fue fundada por el conde Raimundo de Borgoña y su mujer, la infanta Urraca de Castilla.

Es uno de los más hermosos monumentos románicos de Europa, por su famoso cimborrio. Originalmente tenía tres naves rematadas en sendos ábsides de planta semicircular. La planta es de cruz latina y, junto a las columnas, hay capiteles y arcos exteriores, de estilo románico; pero los arcos interiores y las bóvedas son del gótico. Estas últimas descansan sobre fuertes y gruesos pilares que llevan plintos redondos, sobre los que se apoyan cuatro columnas, adosadas en cada pilastra, formando una cruz griega; y columnitas muy delgadas en los ángulos. Los capiteles de las naves presentan decoración exuberante, con ornamentación floral, animal y motivos orientales. Sobresale acusadamente el crucero, en cuyo centro se levanta el cimborrio, con la singular cúpula. La puerta principal, también llamada del Perdón, fue cubierta por otra barroca en 1680, pero en el vestíbulo aún hay dos imágenes del siglo XIII que representan la Anunciación. A los pies de la iglesia, se encuentra la capilla de San Martín, en la que destacan las dos pinturas murales al temple, de Antón Sánchez de Segovia
El retablo de la Catedral Vieja, realizado en el siglo XV, pertenece a la catedral antigua y está compuesto por 53 tablas pintadas al temple, sobre la vida de la Virgen y Cristo. La majestuosa pintura mural de la bóveda representa el Juicio Final y se atribuye a Nicolás Florentino .
En el centro dicho retablo destaca la escultura de la Virgen de la Vega, patrona de Salamanca, del siglo XII. Hecha de madera, está recubierta de piezas de cobre, bronce, oro y otras piedras preciosas