Llegó la hora del segundo partido. En este momento no quedaba otra solución que ganar para asegurarse los octavos y afrontar el tercer partido del grupo con la tranquilidad de la satisfacción del trabajo cumplido. La afición, incondicional desde el principio, está con el equipo y Stuttgart era rojigualda. El objetivo: confirmar el estilo de juego. A por ellos.
Y así fue. Poco a poco, pero con paso firme se van cumpliendo los objetivos de la selección española, demostrando, eso sí, ante rivales de poca entidad, que también sabe sufrir y remontó un tempranero gol de Túnez para llevarse finalmente la victoria por 3-1.
Esperemos que esto no haya sido un simple espejismo y que con los pies en el suelo, a partir de octavos comience el juego y los resultados, que al final es lo que prima.